Una camisa de fuerza
Y dos locos adentro,
Uno abrazaba al otro
Y les era un tormento.
Se sofocaban los dos juntos
Y ese verano en sus mentes:
Era en realidad invierno.
Una camisa de fuerza
Y dos obligados por su locura
A permanecer entre combinada atadura.
Finalmente, fueron separados.
Corrieron libres,
Felices gritaron,
Brincaron sin freno.
Pero
Al término del encierro
Fue tal la incongruencia de sus actos...
Se acabó pronto la alegría de la lejanía
Y se hizo sensible el sufrimiento
Ante la ausencia de la cercanía
Que inicialmente fue lamento.
Sin remedio los guardaron
Lejos de sus nuevas sesiones de llanto.
De una pieza los vistieron
Y las lágrimas se secaron.
Hoy
Empezó el verano,
Pero estos siameses falsos,
Disfrutan al alegar un polar invierno
Que excuse sus mil abrazos.

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