A veces mis mañanas son azules
y son mías.
A veces mis tardes son amarillas
y son mías.
A veces las noches son noches en Lima.
Y sí son solo siempre mías.
Y ya siempre parece
que más bien, siempre y cada día
hubiera terremotos de media tarde.
Todos huyen a ningún lado y queriendo a nadie.
Polillas ciegas de costras pétreas.
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