martes, 8 de septiembre de 2009

Comunicación - Una reflexión futbolística

I


Desde mi particular y discutible punto de vista, pienso y siento que por fin, he tenido acceso como muchísimos otros, a una de las verdades innumerables que buscamos, que sin pensar encontramos, con las que evolucionamos y convivimos sin conciencia, día a día, hasta el final.

Es la verdad de la comunicación de los seres y enfatizo en “seres”, sin especificar en su humanidad, principalmente, porque todos sin exclusión nos comunicamos, inclusive, cuando decidimos no comunicar nada o “nos encontramos impedidos de hacerlo”, porque nos comunicamos con nosotros mismos hasta en la evasión de la idea misma.

He descubierto algo que personalmente guardaba sin haberme detenido antes más que, tácitamente y a sentirlo vago, a decirlo sin exactitud, a meditarlo sin enfoque claro. Eso de que todos hablamos y decimos cosas; aprendemos, compartimos y contribuimos con la evolución de cada ser que se atraviesa por nuestras cortas existencias.

He empezado a comprender el motivo de mi negación natural a hablar en otros idiomas, los que entiendo de forma superficial o relativamente clara. Es que aprendí a comunicarme con las palabras que me iban enseñando y que escuchaba o leía, en mi familia y luego en mi sociedad. El castellano. El castellano peruano, el castellano limeño y más exactamente, el de miraflores.

A la par, aprendía a expresarme con mi cuerpo, atrapando gestos corporales de mis padres, mis familiares, mascotas, animales, amistades, extraños y hasta plantas, aunque suene cómico e incluso, loco. Puse todo en una mezcladora: gestos innatos, gestos ajenos y palabras orales y escritas.

Soy un ser con todas sus facultades físicas y (humildemente) mentales. Entonces, me puedo comunicar: con mis ojos, manos, pelo, pies, cuello, espalda, barriga, piernas, brazos, cejas, boca, orejas… Puedo comunicarme con mi piel y cada órgano que forma mi cuerpo. Si mi cuerpo hace algo desacostumbrado, como sentir dolor y lo manifiesta, entonces es posible que esté diciendo “Estoy enfermo. Cúrenme.”

Y exactamente lo mismo sucede con animales y plantas. Cuando un mamífero, por ejemplo, necesita descanso, se le nota ojeroso, se hunde un poco la piel bajo los ojos. Cuando una planta necesita agua, pierde color y brillo.

II

Creo que hay dos cosas que mueven a los seres humanos: el amor y el fútbol.

El fútbol es originado y acompañado por necesidades y emociones, por sentimientos combinados que dan como resultado pensamientos o resoluciones individuales que luego se manifiestan socialmente.

El amor, es el amor. Puede decírsele no “amor” sinó existencia, afecto o desafecto por algo o alguien. Un motivador. Un motor.

¿Y dónde queda el dinero? El dinero es un complemento. No toco más el tema porque no es de mi interés ni me parece punto efectivo para mis pensamientos en este contexto.

Si bien no es probado que una planta sienta amor, alegría, tristeza o dolor, se comporta: tiene una reacción que depende de un estímulo, como pueden ser atención o desatención.

Más perceptible para nosotros los hombres, pero aún carente de pruebas, interés y crédito, tomo la conducta de los animales que no razonan como los humanos, pero que igualmente reaccionan y actúan basados en impulsos de supervivencia.

Ahora, los hombres también actuamos en base a un instinto de supervivencia; la pequeña gran diferencia, es que nosotros podemos desplegar un mayor y complicante abanico de posibilidades en función de experiencias individuales, grupales o ajenas y conocidas. Tenemos capacidad de fabricar metáforas y analogías para decidir cuál es la que tendrá un menor índice de riesgo o de afectar de forma negativa nuestra vida y luego la de los que nos rodean, desde los más cercanos hasta los más distantes (considerando tiempo y/o espacio).

III

Desde hace muchos años y como casi cualquier ser humano, me relaciono con otros, a los que en algunos casos distingo por su lengua similar o extranjera. Asimismo, tuve la suerte de leer muy tempranamente y hojear (¿u ojear?) libros en mi idioma y en un par de otros.

Hace años, mi madre me dijo que le hubiera gustado aprender esperanto y no le hice caso, pero al pasar el tiempo me interesó y celebré que una persona hubiera tenido esperanza en que todos hablemos un mismo idioma para entendernos mejor. Leí sobre el esperanto y su vocabulario, la combinación de voces tomadas de distintas lenguas y también sobre su escritura. Hay material de lectura en esperanto. Pero ¿qué pasa con los africanos, los asiáticos, los de Oceanía y los del Polo Norte?

África es la tierra de origen de la raza humana.
Asia, es la que con mayor vehemencia se ha dedicado a investigar y transmitir su filosofía existencial, material e inmaterial.
De Oceanía sé muy poco y sólo sobre algunas leyes de comportamiento social. Nada sobre lenguas.
Entonces, el bendito, bienintencionado y filantrópico esperanto, se vuelve excluyente y además, se impone al ciclo natural por una necesidad cortoplacista (¡que también es natural!).

Es muy simple. Todos los seres vivientes y que por defecto buscamos una existencia saludable, nos comunicamos con todas nuestras herramientas. No existen “inválidos” ni “incapaces” ni “minusválidos”. Todos tenemos al mínimo, un vehículo de expresión con cualquiera que sea el fin u objetivo.
Cada ser utiliza su lenguaje físico, oral, visual, etc., de modo distinto y complejo. En lo relativo al lenguaje oral y escrito, es insalvable el hecho de que cada ser humano conceptualiza palabras y frases como le parezca (es decir, como está acostumbrado, porque se lo han enseñado y ha aprendido) y no se puede pretender que todos por igual califiquemos o nos refiramos exactamente a algo, de manera general e inobjetable. Por ejemplo, cada uno tiene una idea particular sobre el término “normal”. Creo que todos somos anormales, sin que esto resulte peyorativo, puesto que todos somos diferentes. La única norma en este aspecto es que todos somos diferentes. Todos sonreímos, pero cada uno en diferente forma, magnitud y con diferentes estímulos. Lo mismo para cualquier expresión que se origine.

Entonces, mi usual e inexplicable rebeldía ante el uso de lenguajes extranjeros, no es porque los rechace, sinó, que si yo intento y trato de entenderlos, también soy susceptible de ser entendida por otros, cosa que sí ocurre comúnmente y si no fuera así, también sería “normal”.

IV

Anoche, hablábamos castellano, francés y alemán y todos nos reíamos y participábamos sin que alguien se ofendiera porque no le contestaran en su lengua natal. Si no se entendía, se traducía; es decir, yo pedí algunas traducciones y no me molestó para nada.

Dos niñas de menos de diez años, escuchaban, hablaban y entendían castellano, también hablaban francés y están aprendiendo alemán.

La cosa, no es que aprendamos a hablar como todos o como algunos, sinó, que seamos conscientes de que cada uno se comunica distinto, que tratemos de entender y que ayudemos a que nos entiendan.

Una misión importante de cada ser y que cada uno de algún modo cumple, es la de aprender y enseñar, sin ser consciente o sin ambicionar mucho: simplemente que haga lo que pueda y siempre se hace algo. Es parte de la naturaleza.

V

Mediante el fútbol nos expresamos, nos unimos, competimos, nos alegramos y sufrimos; tenemos expectativas y se cumplen o no. Hay éxito o no. Y es con ese amor que no es precisamente romántico, amical o de parentela; es amor en grupo. Sencillo y simple, es la mejor manifestación de amor en sentido elemental. Que me perdone Dios, pero ni la misa. Yo creo en Dios pero eso es en lo más hondo de mi espíritu y muy íntimo; en lo terrenal, el fútbol es más conmovedor que la misa, más amplio, más comunicador. Hay más amor duradero en el fútbol que en ceremonias religiosas, y es el amor lo que hace que la gente se comunique y actúe popularmente, que convivamos y evolucionemos hasta que se dé el fin de la existencia que conocemos, si es que tiene final. No obstante, el hecho de ser diferentes, reaccionar y desear objetos particulares, indefectiblemente generará polarización. Qué se va a hacer.

“La materia no se crea ni desaparece, sólo se transforma” – Lavoisier.

VI

Algo indiscutible es la belleza de cada lengua. Algunos se la pasan promoviendo su idioma como el más bello, el más útil, el más inteligente, el más complejo, etc.

Cada idioma es bello y completo entre quienes lo usan, lo importante, es el logro humilde de entender un poquito más a los otros y que nos hagamos entender. Ni hablando la misma lengua nos comprendemos…

Pero eso, lo logran por suerte, el amor y el fútbol.

VII

Según algunos, los peruanos que no sabemos quechua, deberíamos sentir vergüenza. La idea es respetable, simplemente por el hecho de ser una idea, un pensamiento, pero, sin vergüenza, sé decir “cusi”, “puka”, “canca”, “pacha”, “sipi”, “sinchi”, “rumi”, “urpi”, “inti”, “quilla”, “siqui”, “michi” y otro poquito de palabras sencillas… escribirlas ya es otra cosa y sí me gustaría saber más.

Sin vergüenza, al comienzo de mi vida, mi castellano fue miraflorino, pero con gusto, y sin que tenga nada que ver, igualmente puedo comunicarme y si es que no soy capaz de transmitir ideas, entonces atiendo en lo posible las del resto, ya sean de Miraflores, Lima, el Ande, la Selva, Latinoamérica, Norteamérica, Europa, Asia, África u Oceanía… o mi casa…
Aún no me he relacionado con un esquimal.

Seguramente algún esquimal juega fútbol apasionadamente entre once no esquimales.


Barranco, julio del 2008

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