Pocas plantas
Las que quedan en bermas y veredas.
Antes veía lantanas y moreras;
Marcadas aceras de azul,
Mariposas y pájaros.
Pero hoy,
Sólo quedan ratitas voladoras
(que a veces quedan descerebradas en la pista de Tarata, por ejemplo)
Y en las copas, pihuichos vueltos grises,
Que aún se pasan la voz entre ellos,
Cortejan y buscan lugar para sus nidos,
Que sólo Dios sabe si servirán para algo.
Hoy,
La ciudad se ve más limpia:
Adoquines rojiocres,
Cemento plomizo,
Paredes blancas,
Vacías bancas,
Postes y tachos plateados (qué elegancia en la suidad gardín).
Los árboles que alguna vez
Mancharon los zapatos con sus frutos y hojas
Ya no estorban a la gente
Ni ensucian los retiros de sus casas.
No soy solitaria.
Más conozco a la gente, más quiero a mi planta.
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3 comentarios:
muy bueno!
gracias castañeda!
gracias masías, mezarina, miyashiro y a todos!
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